El palacio de Liria y una boda de cuento

Por fin llegó el día, los jovencísimos Fernando Fitz-James Stuart y Solís-Beaumont, de veintiocho años y Sofía Palazuelo Barroso, de veintisiete, se casaron el pasado sábado a las doce y media del mediodía en el Palacio de Liria. La pareja, cuta relación se dio a conocer en el año 2013 se conocieron en el College for International Studies durante la época en que ambos estudiaban en Massachusetts.

Un enlace oficiado por el habitual confesor de Cayetana de Alba, el sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, que reunía a más de 600 invitados en los jardines de palacio.

Una organización de boda minuciosa llevada a cabo por experimentados wedding planner que cuidaron cada detalle para una celebración a la altura de las ceremonias de la realeza. Entre los asistentes no faltaron caras conocidas de la sociedad, la aristocracia y la jet-set nacional: los marqueses de Griñón, Carlos Falcó y Esther Doña, Alicia Koplowitz, la duquesa de Medinaceli, Alfonso Díez, viudo de Doña Cayetana, Teresa Sartorius y Pablo Trapote, entre otros muchos.

El vestido de la novia era un diseño de su propia tía, la diseñadora nupcial Teresa Palazuelo que la ha hecho brillar con un estilo elegante de líneas depuradas. Vestido de silueta línea A, pequeño escote con forma de V, manga corta y una larga capa desmontable que combinaba con un delicado tocado de plumas sobre su melena recogida firmado por Teresa Briz. En contra de la tradición, la novia ha prescindido de velo y de la tradicional tiara de la casa de Alba, mostrando así su personalidad y su carácter.

Una boda por todo lo alto cuyos secretos terminábamos de descubrir en la exclusiva de una conocida revista de tirada nacional. Un enlace celebrado con la discreción y elegancia que siempre ha caracterizado a la pareja y que habría hecho las delicias de cualquier wedding planner. Tras este nuevo paso, los novios vivirán en un piso cercano al palacio que el duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, les regaló hace unos meses junto con un maravilloso cuadro de Renoir de 1880.

Una de las bodas del año que formará parte de la historia y que nos ha permitido volver a ver los maravillosos jardines del palacio madrileño.